Sin duda el segundo beso es el más complicado de dar. Qué sino marca el fin de una noche apasionada o el comienzo de una relación.Quieta, quieres besarlo, el cuerpo te tiembla, si te abrazase seguro que lo notaría. Pero está esa maldita barrera que impide que puedas moverte. Él te habla pero en tu cabeza sólo se oye: Bésame, bésame, hazlo ya, a qué esperas...
Un impulso dobla tu espalda, te acercas detenidamente a él. Pero no te concede ese segundo beso que tanto esperabas, pero que nunca antes te dio tanto miedo.
No quieres acabar con esta amistad, pero tampoco tenerlo como un simple amigo. Tampoco es tan malo, ojalá todas las barreras que cruzamos fuesen la mitad de dulces que los besos.
El ya saciado "Quién no arriesga, no gana". Si tan saciado está, será que es cierto. Qué si no es la vida... una carrera hacia no se sabe dónde, en la que los errores superados te hacen ser tu misma, en la que los besos marcaron el inicio y el fin de tus relaciones, dónde está todo por ganar y siempre poder remediar la pérdida.
Arriesga, cuando tengas que cumplir lo que tu corazón desea. Y qué mejor forma, que la de abandonar por un momento las palabras, el "me ha dicho, me dijo". La gran mayoría de las veces, lo que nos sobra en cuestiones del cuore, son las palabras. Nunca los besos.
Este post va dirigido a mi Peppart personal, espero que compartas muchos desayunos, aunque los diamantes nunca están de más.
